Ciencia, dinero y espiritualidad

Cada día que pasa estamos más conscientes de que nos acercamos aceleradamente a un punto de inflexión social, que estamos llevando al mundo a un destino que ciertamente predecimos como poco deseable y altamente riesgoso. Hemos delegado en la ciencia y la tecnología, con sus extraordinarios avances, la tarea de ofrecernos una vida mejor. Tarea que muchos sienten está siendo cumplida cuando fabricamos y vendemos productos y desarrollamos servicios, cuando generamos empleo y la economía crece.

Hay elementos sin embargo que debemos considerar, desde otro nivel de pensamiento. En primer lugar, hemos puesto la ciencia y la tecnología al servicio del dinero, cuando realmente debemos ponerla al servicio de la vida. En este proceso inconsciente, todos nuestros procesos empresariales, han sido y son diseñados para lograr el menor costo contable para la organización. La tecnología y la administración científica han ocupado el trono de la gestión gerencial en las empresas. Sin embargo en este proceso, hoy nos hacemos conscientes que estamos deshonrando la vida, a través de un consumo exagerado y creciente de recursos que deberían ser  vistos como patrimonio de esta y las futuras generaciones, abusando de su consumo en la búsqueda de riqueza material, con escaso o nulo criterio de sostenibilidad de la vida. Contaminando el ambiente con cantidades enormes de desperdicios y sin duda alguna también, relacionándonos con nuestra gente, si, esa que hace vida en nuestras organizaciones, como si fueran recursos a utilizar para nuestros fines empresariales. 

Escasa cabida ha tenido el entender a nuestro planeta como un sistema vivo, totalmente interconectado e interrelacionado, olvidando que la vida se basa en equilibrios y no en crecimiento continuo. Tan es así que los economistas hablan de crecimiento negativo, una clara demostración del inconsciente colectivo, que basa nuestro desarrollo en crecer, competir y acumular, exactamente lo opuesto a los principios que soportan la vida.

En segundo lugar, hemos enseñado a nuestros ejecutivos por décadas a  operar al menor costo contable, cuando hoy comienza a hacerse visible la necesidad de operar al mejor costo social, si queremos lograr sostenibilidad.

 Cuanto más grande sea la brecha entre ambos costos, más insostenible se hará el sistema. Hay un llamado a una contabilidad más abarcadora, que debe ser diseñada para incluir el costo de la vida, en nuestros procesos productivos. El mismo tiene que ver con lo que tomamos del planeta y lo que le entregamos al mismo. Mientras no nos movamos en la dirección de cerrar esta brecha, tanto más desarreglos y desequilibrios tendremos.

Los productos de los cuales hoy disponemos y que consumimos, no recogen en su costo y por tanto en su precio, la sostenibilidad. Vivimos mucho más allá de lo que nuestro dinero está comprando. Es una cuestión de tiempo que la realidad golpeé nuestra inconsciencia.

Enfrentamos entonces un reto sin precedentes por la enorme inercia del sistema, sus modelos mentales, tanto conscientes como inconscientes y los enormes intereses ya creados.

Soy escéptico con respecto a la capacidad del sistema actual de recomponerse si no logramos dar la bienvenida a la dimensión espiritual. La misma incluye y trasciende a las religiones y se aparta de su senda, si bien compartiendo los mismos fines, al ir por una vía más sana, libres de prejuicios y por tanto descalificaciones y credos.

El ejecutivo tiene un llamado a ejercer funciones de liderazgo ahora desde el significado más profundo de la vida. Difícilmente los encontraremos en la academia, la evolución del ejecutivo de gerente a líder viene de la mano de un despertar de la conciencia, de un viaje interior en la búsqueda de significado que los lleve a vivir y manifestar su don en la vida, inspirando y guiando entonces las transformaciones, a través de sus empresas, que las sociedades, cada vez con más fuerza continuarán reclamando.

El gerente honra el dinero y opera al menor costo, administrando recursos, el líder por el contrario, emerge del desprendimiento de las creencias basadas en temores, honra a la vida y busca alinear el menor costo contable, con el mejor costo social. El gerente trabaja para que su empresa sea la mejor en el mundo, el líder lo hace también para que su empresa sea la mejor para el mundo. Y precisamente ahí, en esta nueva concepción, descansa latente pero aún dormida, el mayor valor organizacional del futuro. El mejor negocio del mundo, posiblemente sea salvar al mundo.

Hoy no veo esto siquiera planteado en las escuelas de negocios, que todavía habitan el santuario de la Responsabilidad Social, es decir, actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas de los desarreglos. 

No tengo duda alguna de acercarnos a un profundo despertar: el de la espiritualidad en todos los órdenes de la vida. Muy posiblemente, me aventuro yo, tal vez eso sea lo que las predicciones de las antiguas civilizaciones, sintieron y vieron ocurrir en estos tiempos que nos toca vivir.

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Consultor internacional y escritor (venezolano, español). Agente de transformación de las organizaciones y sus lideres. Especialista en los procesos de integración cultura y estrategia, profesionalización de empresas familiares y “Turn-Arond” de negocios en crisis. Facilitador y Certificador de Barrett Values Centre

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