Hacia una nueva arquitectura del pensamiento.

Nos habla el cambio climático, nos alerta la desigualdad, nos perturban los conflictos sociales, creemos menos en los políticos, las religiones, casi todas, con menos «fieles» y confundimos el valor de la vida con un color de piel,  la violencia de género con la violencia y el feminismo muestra maneras nada finas para resaltar su valor,

Llamamos progreso a tener más, en muchos casos siendo menos,  modelo de desarrollo a la acumulación de riqueza y buscamos el poder al precio del amor, sin entender el poder que hay en el amor.

Nos acostumbramos a gastar el dinero que no tenemos comprando bienes que no necesitamos para lograr el aplauso y reconocimiento de quienes ni siquiera conocemos, acabando con las materias primas del planeta y generando desechos tóxicos en este modelo de producción y comercialización de bienes, en detrimento también de los sistemas naturales de la biósfera.

Confundimos satisfacción con bienestar, mientras seguimos enfrascados en definiciones relativas de lo bueno y lo malo, el bien y el mal, sin percatarnos que desde las esferas de la ciencia y al moral, seguimos viendo solo fracciones de la existencia y la vida.

Arrastramos sufrimiento del pasado y nos abrazamos en el presente a la angustia que nos trae pensar en el futuro. Vivimos buscando certidumbre y actuamos con desconfianza, en una suerte de obra del absurdo donde el empresario quiere dinero, el académico estatus, el político confianza y el religioso fieles, en un guión del interés propio, que privilegia los efectos y deja de lado los afectos, sin asimilar aún que somos habitantes de una sola casa, que nos une un destino único.

Un mundo donde crecer y competir nos lleva a pensar que sobrevive el más fuerte y que el más apto es el más competente.

En algún lugar dentro de nosotros y sin duda en un tiempo por venir, descansa la paz que regala el amor y el despertar a la consciencia, atributo único que define nuestra categoría humana dentro del reino animal. Donde la conexión y el sentido de unidad, vayan aquietando la mente condicionada por ciencia y religiones, para dar cabida a la expresión del ser.

En este sentido, hay cada vez más iniciativas buscando «cambiar el mundo». Actividades que energizan el ego y adormecen al Ser. Desde la fragmentación hay quienes trabajan en un nuevo marco jurídico en lo fiscal, laboral, comercial y ambiental. Los organismos multilaterales, llenos de lo mejor de lo que ya no funciona, en su burocracia, son parte de un reparto de lo absurdo, pero con el agravante de sentirse importantes.

Hay un llamado emergente, poderoso  e inevitable, que parte desde una arquitectura de pensamiento distinta, porque no podemos cambiar el orden del sistema si buscamos rediseñar partes del mismo, con la misma raíz de pensamiento y niveles de consciencia de cuando dimos luz a un sistema que recorrió ya su camino y hoy es abiertamente disfuncional.

La nueva arquitectura política, social y económica, necesariamente ha de partir de una nueva arquitectura del pensamiento, la que integra la consciencia para deconstruir la mente fragmentada y egocéntrica, raíz del diseño todo del modelo de desarrollo.

Despertar a la vida, desconectar el piloto automático de las creencias, abrazar el concepto de unidad entre todos y con todo. Entender que no existe primer mundo ni tercer mundo, sino un solo mundo, que el crecimiento tiene un limite y que la mayor alineación de todas se logra a través de compartir propósito y valores, no normas y regulaciones.

Un mundo sostenible  y en paz, amerita un nuevo nivel de pensamiento desde el cual redefinirse por completo, uno en el cual ciencia y consciencia se integran. Se amerita un cambio de paradigmas sin precedentes.

Author:
Consultor internacional y escritor (venezolano, español). Agente de transformación de las organizaciones y sus lideres. Especialista en los procesos de integración cultura y estrategia, profesionalización de empresas familiares y “Turn-Arond” de negocios en crisis. Facilitador y Certificador de Barrett Values Centre

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